Las amenazas de suicidio deben ser consideradas como potenciales intentos de suicidio.
Quizás tú has notado algún comportamiento extraño en un amigo. No puedes distinguir claramente cuál es el problema, pero piensas que tu amigo está pensando en suicidarse. Tu preocupación es legítima, pues hoy en día el suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes. Las investigaciones han demostrado que cada año en Estados Unidos 6,500 adolescentes mueren por su propia mano; esto es uno cada hora y veinte minutos. Si tu amigo está mostrando un comportamiento suicida, ahora es el tiempo para hacer algo que le impida cumplir su propósito.
Hay tres actitudes preocupantes cuando hablamos de suicidio.
---- Primero, hay chicos que han tomado acciones en un intento por suicidarse. Si estás cerca de alguien que atenta contra su propia vida, hay una sola cosa que puedes hacer: llamar a un médico o a un adulto responsable, y llevar de inmediato a la persona a la sala de emergencias más cercana o a un hospital psiquiátrico. Esta persona necesita ayuda profesional para impedir que lo vuelva a intentar.
----Segundo, hay chicos que amenazan con suicidarse o están considerando seriamente el suicidio. Si descubres una nota suicida o sabes que un amigo está considerando seriamente suicidarse, debes intervenir. Contacta a un líder del grupo de jóvenes, al pastor o a sus padres, en fin, a alguien que pueda llevar a tu amigo para recibir ayuda cristiana profesional. No dejes a tu amigo solo, sino hasta que esté en las manos de un adulto responsable. Las amenazas de suicidio deben ser consideradas como potenciales intentos de suicidio.
----Tercero, hay chicos que tienen pensamientos suicidas. Esta puede ser tu preocupación por un amigo.
Si respondes afirmativamente a algunas de las siguientes preguntas, tu amigo puede estar contemplando seriamente el suicidio:
1. Tu amigo, ¿tiene una fascinación con la muerte, la cual no parece sana? Es decir, habla de la muerte, hace preguntas acerca de la muerte, escucha música o mira videos relacionados con la muerte.
2. ¿Está tu amigo repartiendo sus pertenencias o haciendo otras cosas que sugieren que se está preparando para la muerte?
3. ¿Está tu amigo deprimido la mayor parte del tiempo?
4. ¿Muestra tu amigo cambios repentinos en su comportamiento, tales como ponerse violento o hacer como si estuviera actuando?
5. ¿A menudo, tu amigo da la impresión de estar ido y cambiante?
6. ¿Quiere tu amigo dormir todo el tiempo, o se queja de que no puede dormir?
7. ¿Está tu amigo siempre cansado?
8. ¿Asume tu amigo riesgos innecesarios, como conducir sin cuidado o jugar con cuchillos o armas?
Si bien estas condiciones no muestran necesariamente que la persona está a punto de suicidarse, pueden indicar que está pensando en una manera de salir de la situación que está viviendo. Debes compartir tu preocupación con tu pastor o consejeros y discutir qué hacer. Este es el momento de responder activamente. Detrás de estas señales pueden haber familias disfuncionales, depresión, falta de esperanza, pérdida de un ser querido, sentimiento de culpa, falta de atención, manipulación y venganza.
A continuación encontrarás una lista de distintas maneras en que puedes desarrollar una relación que ayudará a tu amigo a sentirse menos solo.
1. Preocúpate por tu amigo. La mejor manera de entenderte con una persona que puede estar teniendo pensamientos suicidas es demostrando interés y preocupación. Si tú sabes que tu amigo está sufriendo, permite que tu corazón te mueva a actuar.
2. Muéstrate siempre disponible para tu amigo. Para muchas personas que sufren, amor se deletrea T-I-E-M-P-O. Busca oportunidades para pasar tiempo con tu amigo a fin de alimentar la relación.
3. Mantén el contacto con él. Una llamada telefónica sólo para decir hola y preguntarle a tu amigo cómo se siente le mostrará que te preocupas por él aun cuando no estén haciendo cosas juntos.
4. Ora por tu amigo. Pídele a Dios que te muestre formas en que pueden construir su relación y satisfacer algunas de las necesidades de amor y aceptación que tu amigo tiene.
5. Afirma la identidad de tu amigo como hijo de Dios. Las personas que quieren suicidarse han perdido de vista el valor que tienen ante Dios. Si tu amigo es cristiano, recuérdale que es amado y valorado por Dios y útil para él. Si tu amigo no es cristiano, hazle ver que ha sido creado a la imagen de Dios, que él es alguien por quien Cristo murió. Busca maneras en que puedas afirmar el valor que él tiene ante Dios.
6. Trata de impartirle esperanza. Muchos chicos que consideran el suicidio no evalúan su vida ni procesan sus problemas racionalmente. La mejor manera de impartir esperanza en estas personas es hablando de los sentimientos, en vez de argumentar sobre lo que ellos piensan. Una vez que la esperanza es restaurada, habrá tiempo para discutir con tu amigo lo irracional de su punto de vista frente a su situación.
7. Habla con tu amigo. Muchos jóvenes desanimados o deprimidos dicen que no pueden hablar con sus padres acerca de sus problemas, hablar acerca de su vida y dificultades.
Respeta las opiniones de tu amigo sin juzgarlo o condenarlo, aun cuando sea cuestionable. Es muy importante que tu amigo se sienta libre de expresarle sus sentimientos a alguien que se preocupa sinceramente por él.
Al tratar de profundizar tu relación con tu amigo de estas maneras, considera tres pasos vitales para ayudarle a superar estos pensamientos suicidas.
****Consuela a tu amigo que sufre. Jesús dijo; "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mt. 5:4). Llorar es el proceso de sacar el dolor interno. El consuelo es el plan de Dios para bendecir a los que sufren y comenzar a sanar el profundo dolor de sentirse solo y sin esperanza.
En medio del problema, la ansiedad y los pensamientos suicidas, el mayor consuelo que tu amigo puede recibir será cuando puedas compartir con él sus dolores y tristezas. Una de las maneras en que Dios entrega consuelo es a través de nosotros.
El apóstol Pablo escribió: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, quien nos consuela en todas nuestras tribulaciones. De esta manera, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados por Dios, también nosotros podemos consolar a los que están en cualquier tribulación" (2 Co.1:3, 4). Consolar no es una conversación cualquiera obligando a tu amigo a ser fuerte o a no darse por vencido.
Consolar no es intentar explicar por qué las cosas suceden a las personas ni es un sinfín de palabras positivas acerca de que Dios está en control y que todo va a salir bien. Todas estas cosas pueden ser buenas y útiles en ocasiones, pero no satisfacen la necesidad primaria de consuelo.
Las personas reciben consuelo cuando sentimos su dolor y su tristeza. Jesús ilustró el ministerio de la consolación cuando su amigo Lázaro murió. Cuando Jesús llegó al hogar de las hermanas de Lázaro; María y Marta, él lloró con ellas (lea Jn.11:33-35). Su respuesta es especialmente interesante a la luz de lo que él hizo después: resucitar a Lázaro (Jn.11:38-44).
¿Por qué Jesús no le dijo simplemente a María y a Marta: "No necesitan llorar, mis amigas, porque en unos momentos Lázaro estará vivo de nuevo"? Porque en ese momento ellas necesitaban a alguien que se identificara con su dolor. Jesús satisfizo la necesidad de consuelo de María y Marta compartiendo su dolor y sus lágrimas. Después realizó el milagro que transformó su tristeza en gozo.
Las personas que sufren reciben consuelo cuando saben que no están sufriendo solas. Pablo nos instruyó: "Gozaos con los que se gozan. Llorad con los que lloran" (Ro. 12:15). Tú puedes consolar de la misma manera a tu amigo que sufre, compartiendo su dolor y sufrimiento juntamente con él. Ofrece un abrazo cariñoso o un hombro en el cual llorar.
Expresa palabras como: "Yo sé que duele", "Me da tanta tristeza que tengas que pasar por esto". Guarda tus palabras de consejo y verdades bíblicas hasta que te hayas identificado con los sentimientos de tu amigo. Eso es el consuelo bíblico.
***Ofrécele ayuda aparte de consuelo. ¿Cuál es la diferencia? Brindas ayuda cuando compartes el dolor emocional de tu amigo y cuando intentas aligerar su carga de una manera práctica.
Aun en medio del sufrimiento, las responsabilidades diarias continúan. Ayúdalo ya sea a cocinar, limpiar, estudiar, etc.
***Aliéntalo. Exprésale palabras que le levanten el espíritu. Comunícate periódicamente ya sea por teléfono, carta, o visitas, para decirle que estás pensando y orando por él.
Recuerda, tu amigo necesita a alguien que esté comprometidon con obedecer Gálatas 6:2: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros y de esta manera cumpliréis la ley de Cristo".
Considera dos de los 4 casos biblicos:
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El rey Saúl se había alejado de Dios, hasta el punto que fue a consultar a una adivina en Endor. Al ser rechazado por Dios buscó refugio en Satanás a través de una hechicera, costumbre pagana estrictamente prohibida para aquellos que conocen al Señor. Al pelear contra los filisteos, Dios no acudió a auxiliar a este rey apóstata y él no tuvo otra alternativa que el suicidio. La Biblia dice: “Y arreció la batalla contra Saúl, y le alcanzaron los flecheros, y tuvo gran temor de ellos. Entonces dijo Saúl a su escudero: Saca tu espada, y traspásame con ella, para que no vengan estos incircuncisos y me traspasen, y me escarnezcan. Mas su escudero no quería, porque tenía gran temor. Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella. Y viendo su escudero a Saúl muerto, él también se echó sobre su espada, y murió con él. Así murió Saúl en aquel día, juntamente con sus tres hijos, y su escudero, y todos sus varones” (1 S. 31:3-6).
Note que tanto Saúl como su escudero, ambos suicidas, tuvieron temor. El miedo es uno de los aliados del suicida en potencia. Si hay algo no salvos tienen en común, es el temor. Esto se debe a que no viven en comunión con Dios. Saben que están lejos de él, y llega un punto en que el Señor los abandona a su suerte aunque clamen su nombre, porque han colmado la copa de su ira. Así que tanto Saúl como su escudero tuvieron mucho miedo, vivían atemorizados. La Biblia repite una y otra vez que Dios se alejó de Saúl porque Saúl se alejó de él. Saúl tuvo la mejor oportunidad de ser un rey modelo para Israel, pero vivió como el peor de los paranoicos, siempre sintiéndose perseguido, violento, envidioso, profano y hechicero. Estando en esa condición era justo que Dios lo abandonara. Su reinado dejó lugar a David, un brillante hombre de Dios. El temor de Saúl lo llevó al suicidio, y el temor es el aliado de hombres y mujeres que viven en enemistad con Dios. Ningún cristiano podrá jamás llegar a tal grado que se quite la vida y alegue que con ello acelera su encuentro con Jesús.
La Biblia dice: “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Jn. 4:18). El que no teme a Dios tendrá que temer a los hombres, a sus enemigos, a la muerte y aun a la misma vida. Miserable de aquel o aquella que no teme a Dios para confiar en él en el momento difícil , en el instante de peligro o al acercarse la muerte. ¿Cómo es posible que un cristiano recurra a la violencia del suicidio, el arma de Lucifer, quitándose la vida? Pero Saúl y su escudero no fueron los únicos suicidas en la Biblia, sino que tenemos más.
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JUDAS ISCARIOTE – Vamos a citar dos pasajes bíblicos que detallan el final de este individuo que también acabó su carrera suicidándose: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de planta a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó? (Mt. 27:3-5). “Éste, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron” (Hch. 1:18).
Judas conocía muy bien al Señor, tuvo todas las oportunidades para ser salvo, pero de manera deliberada optó por la traición sin creer nunca que su carrera terminaría en el suicidio y el infierno. Es necesario que recordemos también que Judas asistió a la mejor escuela teológica del mundo. Jamás ha habido un grupo de estudiantes tan afortunados como ese puñado de 12 hombres que estudiaron a los pies del Señor Jesucristo. Judas se suicidó cuando recapacitó y se dio cuenta de lo que le había hecho al Señor. Creo que si Judas viviera hoy, mas de un psicólogo y consejero en alguna de nuestras iglesias le animaría a que olvidara el pasado, a que saliera de esa depresión, a que evitara esa recurrencia cíclica
La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, desvélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es una aventura, disfrútala.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es la vida, defiéndela
Para que sirve un minuto
Un minuto sirve para sonreír: sonreír para el otro, para ti y para la vida.
Un minuto sirve para ver el camino, admirar una flor, sentir el perfume de la flor, sentir el césped mojado, percibir la transparencia del agua.
Se requiere apenas de un minuto para evaluar la inmensidad del infinito, aunque sin poder entenderlo.
Un minuto apenas para escuchar el canto de los pájaros.
Un minuto sirve para oír el silencio, o comenzar una canción.
Es en un minuto en que uno dice el "sí" o el "no" que cambiará toda su vida.
Un minuto para un apretón de mano y conquistar un nuevo amigo.
Un minuto para sentir la responsabilidad pesar en los hombros, la tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre, el hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción, la alegría de la victoria...
En un minuto se puede amar, buscar, compartir, perdonar, esperar, creer, vencer y ser...
En un simple minuto se puede salvar una vida.
Tan sólo un minuto para incentivar a alguien o desanimarlo.
Un minuto para comenzar la reconstrucción de un hogar o de una vida.
Basta un minuto de atención para hacer feliz a un hijo...
un padre, un amigo, un alumno, un profesor, un semejante...
Sólo un minuto para entender que la eternidad está hecha de minutos...
De todos los minutos bien vividos...
Un minuto...Cuántas veces los dejamos pasar sin darnos cuenta...pero también cuántas veces traemos a nuestras vidas los recuerdos de los minutos vividos llenos de felicidad, de alegría y también de tristezas...
Decimos "un minuto" y nos parece nada...
Pero como se aprecia ese minuto al levantar la mano y saludar a un amigo que se va para siempre, como se valora ese minuto que hace que lleguemos tarde a nuestros trabajos, como se espera ese minuto que nos lleva a reunirnos con los que amamos, como nos llena de emoción ese minuto en que nos entregan a nuestro hijo al nacer, y cómo también deseamos que la vida le otorgue más minutos a quien la muerte separará físicamente de nosotros y no veremos más.
Un minuto...parece increíble...parece tan poquito y sin embargo puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida.
Lo importante es no vivir la vida porque sí, dejando pasar el tiempo.